







Pulse transforma la repetición en ritmo. Teselas alargadas dibujan un delicado bajorrelieve que levanta la pared y la convierte en una superficie viva, distinta a cada hora del día según cómo le dé la luz.
Su superficie monocromática defiende la fuerza del color desde la pureza de un solo tono. El esmalte brillante fluye de forma natural sobre el relieve y se acumula en los pliegues, creando zonas de mayor pigmentación que aportan profundidad y una vibración sutil a cada composición.
Siete colores que van del blanco al burdeos, con el verde menta y el oliva como apuesta más fresca y el arena, el taupe y la arcilla como base serena. Colocadas en vertical ganan altura; en horizontal, amplitud.
Las molduras a juego cierran el paño con limpieza. Pulse es para paredes que quieren presencia sin ruido.