Bisel es el azulejo de metro de siempre, con el canto achaflanado que lo hace reconocible a un metro de distancia. Ese bisel recorta cada pieza, recoge la luz por los cuatro lados y convierte una pared plana en un relieve que cambia según la hora del día. La gama de color es enorme: blancos y cremas para un fondo tranquilo, grises y terrosos para un ambiente más sobrio, y verdes, azules, rosas y rojos cuando la pared tiene que ser la protagonista. Se coloca a matajunta como en el metro clásico, en vertical para estirar la altura o en espiga para darle movimiento, y admite combinar dos colores sin esfuerzo. En brillo multiplica los reflejos; en mate deja que la sombra del chaflán haga el trabajo. Cocinas, baños y locales con carácter.